
En el libro “Pasión de enseñar” de la poetisa chilena Gabriela Mistral, hay un Decálogo de la maestra. Basándose en él, Miguel Ángel Santos Guerra, Catedrático de Didáctica y Organización Escolar por la Universidad de Málaga escribió en su blog personal uno propio que, con algunas modificaciones, quiero hacer mío:
Este es pues mi decálogo:
DISFRUTA. Ten la seguridad de que el trabajo que haces es el más importante, arriesgado y difícil que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la cabeza y el corazón de los alumnos y de las alumnas. Tienes un oficio para disfrutar porque está fundado en el optimismo, es decir, en la seguridad de que el ser humano puede aprender, de que puede mejorar. Eres un profesional de la esperanza, del aprendizaje y del desarrollo humano. Disfruta.
ENSEÑA. Con la palabra y con el ejemplo. Conoce bien a tus alumnos y alumnas. Prepara las clases con mimo, rigor y pasión. Haz que se sientan protagonistas de su propio aprendizaje. Procura despertar en ellos el deseo de aprender. Considéralos dignos y capaces de descubrir el mundo. Investiga con ellos y para ellos. Sé una persona íntegra. No olvides que el ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos y alumnas con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos.
PREGÚNTATE. No lo des todo por sentado. No te entregues a las rutinas, que son el cáncer de las instituciones. No expliques la realidad de tal modo que te de la razón. No te dejes guiar por el sesgo de la confirmación. No confundas pereza de pensamiento con firmes convicciones. Pon en tela de juicio tus prácticas, hazte preguntas, haz autocrítica. Pasa de una actitud ingenua a una actitud crítica. No hagas las cosas como siempre, o como todos. Sin más ni más. Pregúntate por qué haces lo que haces. Y por qué tienes esos resultados haciéndolo así. No le eches la culpa a los demás del fracaso.
COMPARTE. Comparte las preguntas. Comparte lo que sabes. Comparte lo que sientes y lo que eres.
APRENDE. Hay que seguir aprendiendo siempre. Lee sin cesar, fórmate, cultívate. En el fondo todos somos aprendices natos. Todos deberíamos llevar, como los coches en la etapa inicial, la L de aprendices.
INNOVA. No te entregues a las rutinas. No te abandones a la comodidad de lo que ya sabes y haces. Explora, busca, ensaya… No confundas cambios con mejoras. Piensa en lo que haces mal y transfórmalo. Piensa en lo que haces bien y mejóralo.
LEVÁNTATE. Si caes en el desaliento porque has fracasado, porque te has equivocado, porque has cometido errores, porque tienes dificultades, levántate. Con dos signos menos se puede construir un signo más.
AMA. Si alguien no tiene capacidad de amar no debería dedicarse a la enseñanza. Esta profesión gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a los que se enseña. La educación es una tarea que se sustenta en la comunicación y la comunicación que salva es el amor. Será el amor quien de sentido al esfuerzo, quien nos inste a comprender y a estimular, quien nos ayude a confiar y a tener esperanza.
Quiero dar la bienvenida al nuevo curso y desear a todos los miembros de la comunidad educativa una experiencia llena de esfuerzos y de logros, cuajada de emociones y de felicidad. Permitidme repetir una vez más este lema que me ha ayudado tanto en la vida: Que mi escuela sea mejor porque yo estoy enseñando, o estudiando en ella.